Mi peque tiene mucho que ver. Porque es ella quien está generando todo esto que me pasa. Bah, en realidad es ella quien plantó en mi estas sensaciones y la experiencia de estos casi 3 años han germinado produciéndome estas cosas que desconozco y me confunden.
Ahora que ya no tengo tiempo de tomarme el domingo por la mañana para hacerme las uñas, exfoliarme y ponerme mascarilla y estar preparada para afrontar la semana laboral.
Ahora que no tengo tiempo de salir con mis amigas, de tomarme tranquila ese tiempo mío de caminar, despejarme, pensar en cosas intranscendentes y escribir de lo que me pasa para entenderme un poco.
Ahora que mis días se reparten entre dormir pocas horas, llevarla a la guarde, apurar el trabajo para que a las 4.50 quede libre para ir a buscarla y jugar en el parque o mirar las plantas o sentarnos en la puerta de casa a ver pasar gente y charlar. Luego la cena, el baño, su “Patito Feo”, sus charlas y a la cama y vuelta a trabajar hasta que me venza el sueño delante del ordenador.
Ahora que descubro cómo progresan las plantas en primavera y poco a poco vamos asombrándonos con las flores rosas, amarillas y blancas que ayer a la tarde no estaban.
Ahora que es trascendental hacer un paso de gigante para no pisar las hormigas.
Ahora que se me asoma una impensada tripita a lo Homer Simpson que me hace sentir un pequeño muffin en pantalones que hasta antes del embarazo quedaban perfectos.
Ahora que no combino los zapatos con la ropa, porque por prisas no los encuentro o porque simplemente son los tacones que “hacen ruidito” y me los escoge.
Ahora que los foulards son capas de rey, los collares sirven para contar, las tronas de bebés deben convertirse en tronos de reina (porque ya es una mayor, claro) y el papel metálico de cocina es el efecto mágico para una varita de hada madrina.
Ahora que dormir es eso que sucede entre las levantadas por sus pesadillas y las levantadas porque no la oigo.
Ahora que no hay cine, ni fiestas hasta largas horas...
Ahora que la música del coche es infantil y me descubro escuchándola aún sin ella en el coche.
Ahora que soy más ñoña, más sentimental y mucho más fuerte.
Ahora que grito y me peleo con las señoras que empujan en el metro y me acuerdo de toda la familia de los alcaldes cada vez que estoy en una estación sin escaleras mecánicas ni ascensores.
Ahora que los restaurantes se escogen dependiendo de si son fumador o no, sin importar qué comida sirvan.
Ahora que Bob Esponja es un tema importante en la cena, que mi oficina está plagada de dibujitos, que mi bolso es como el de Mary Poppins.
Ahora que mis libros sirven para construir casas, torres y castillos de princesas.
Ahora que todo lo que era quedó encerrado en un recuerdo y lo que soy… pues ya ni tengo tiempo de meditarlo!
Ahora que mis brazos son tentáculos que cocinan mientras abro el horno, corto las patatas, la cojo para que no se caiga, le sirvo agua, me quito el flequillo de la cara, echo la sal, pruebo…
Ahora que respondo a la misma pregunta 20, 30 veces en menos de 1 minuto.
Ahora que todo sucede a 1 metro del suelo…
Ahora, es ella. Y nada más.
Feliz, el día en que me hiciste mamá.





