Quiero volver a la escuela.
Quiero ir a una escuela.
Cambiaría mi día de trabajo, mi profesión... dejaría mi estudio de comunicación... lo que sea, con tal de ir al Escandinavo.
Esto no quiere decir que quiera estar con mi hija todo el día. Tampoco está relacionado, con que no quiera trabajar. No. Tiene que ver con aprender. Re aprender. Dejar todo lo que he aprendido, de la manera que lo he aprendido y comenzar de nuevo. Ver el mundo como lo comienza a ver mi hija. A través de la exploración, del juego. Sociabilizando, entrando en contacto con la naturaleza. Sacándonos de encima las fichas. La obligación por repetir indefinidamente algo.
Aprendiendo que la cocina, significa matemática, química, juego, creatividad, nutrición. Saber qué es lo que consumo. Ser consciente de lo que significa esperar, lograr, practicar y tener la satisfacción casi instantánea de ver tu logro, compartir tu logro, experimentar, jugar, aprender.
Yo quiero regresar a la escuela. A esa escuela en la que está bien llevar mis juguetes para compartir. Para que mis amigos me conozcan. No soy una persona diferente en casa y en la escuela. Soy la misma persona, por ende yo puedo aportar algo a mi clase. Yo valgo tanto que puedo dar algo a mis amigos, mis profesores. Puedo aprender a utilizar un juego/juguete mío de otra manera. Porque cada uno interactúa con un objeto de manera diferente.
Yo quiero regresar a la escuela para observar cómo es el otoño. No el de los posters, ni el del libro. Si está allí fuera, ¿por qué me pierdo esa oportunidad? ¿Por qué no aprender del otoño en el otoño, viviéndolo? Viendo cómo las hojas van cambiando de color. Cómo algunos árboles se desnudan y cómo algunas plantas van mutando. Semilla, fruto, flor. Semilla, fruto, flor.
Quiero ir a la escuela en donde los padres son bienvenidos. No se imaginan la diferencia que existe entre un colegio en el que sólo puedes recogerla en la puerta no sabiendo cómo es su entorno diario y un establecimiento en el que puedes formar parte. Que puedes preguntar las veces que quieras.
Esa es la escuela que deberíamos todos tener. Entiendo que no todos aprendemos de la misma manera, no todos tenemos la misma habilidad, ni capacidad. Ni necesitamos las mismas cosas. Pero, ¿cómo podemos tener aún colegios en que hay que repetir infinitamente un número 2 en una ficha?
El año pasado mi hija iba a otra escuela. Una más tradicional en su sistema "educativo". Su gran "sistema" estaba basado en la disciplina, en el promediar el nivel para que todos estén más o menos igual. O sea, que al que estaba adelantado, se le "negaba" de alguna manera el seguir adquiriendo nuevos conocimientos, o profundizando los que ya tenía. Y al que le costaba más... pues simplemente "ya aprenderá" .
Al segundo mes de clase, la profesora del año pasado me llamó para decirme que Sofi no se concentraba, no prestaba atención y que normalmente no quería hacer las fichas, que dejaba todo a la mitad y que no hacía caso para nada. Me la pintó como una pequeña anarquista desobediente... casi un caso "extremo".
Me llamó la atención, porque esa no era la nena que yo veía en casa. Normalmente la llevo a Iniciador y se queda 2 horas con sus dibujos y sus libros en silencio mientras los demás hablan de emprendimiento, de negocios... Y nadie la toma como centro de atención. Y sin embargo ella va, y se la pasa fenomenal. Así que lo de que era "anarquista" no estaba en la línea de lo que yo veía.
La maestra continuó su evaluación explicándome que no terminara sus dibujos, que no se concentraba..... pues tampoco. Normalmente llegaba del cole y se quedaba un largo tiempo dibujando, en silencio o me ayudaba en la cocina, o dibujábamos juntas o jugaba sola... no sé, no coincidía eso que me decía la profesora con lo que yo veía.
Fue entonces cuando le pedí que me mostrara un ejemplo de esas fichas que no completaba.
Y allí lo vi claro. Una hoja en blanco con puntos equidistantes marcados, que significaban el inicio del trazo del número 2.
Pero no 1, 2, 3 veces ... había que repetir ese trazo unas 8 veces en la hoja... Yo vi que el 1º y 2º trazo, eran perfectos "2". A partir de allí, el trazo se desvanecía hasta llegar casi a una línea horizontal.
Le pregunté a la profe si eso era lo que ella llamaba "falta de concentración". Y sí. Mi hija tenía 3 años para ese entonces. ¿Cómo es posible que se considere falta de atención eso tan, tan aburrido?
Le contesté: "no es por defender a mi hija, si detectas un problema, yo quiero ayudarla. Pero, para serte sincera, yo lo que veo en esta ficha es (señalando con mi dedo la secuencia de líneas desde la primera a la última) a Sofi diciendo "¿quieres que te muestre cómo se hace un dos? Bien. Aquí va uno. ¿Que quieres otro? ¡Mira! ya van 2 y los hago bien. Ahora-no-me-jodas-y-dame-algo-mejor-para-hacer-que-ya-me-aburrií"
Y agregué: si tienes que demostrar 8 veces en menos de 10 minutos que sabes hacer algo, es que algo anda mal.
¿No puedes hacer una ficha en que cada 2 se haga con diferentes materiales? ¿o que todos los días dibujen 2 número 2?
En fin. Estoy feliz de haber tomado la decisión de llevarla a su nuevo colegio.












